Tengo un bló

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Tmeo, la mejor revista de humor

jueves, 26 de marzo de 2020

Fin de semana XXL

Apagué el despertador el día 13. Llevo casi dos semanas despertándome de manera natural, aunque alguno de los gallos de los alrededores tenga la mala uva de cantar a las tres de la mañana. Te levantas sin las prisas de la jornada laboral al dictado del reloj y te miras al espejo. Como no puedo ir a la peluquería, cada vez me parezco más en el peinado a los mangas japoneses. Luzco tal que así:

Me levanto así: Con el pelo revuelto y en pijama. Sólo me falta la pértiga.

Desayuno sin agobios y me siento un rato a leer. Ahora, además, estoy volviendo a escribir un ratito, cosa que no hacía porque antes no tenía tiempo. Preparo la comida con mimo, porque sigo sin agobios y por la tarde me quito el pijama por fin, ya que en este finde extralargo el traje sempiterno es el pijama hasta que me enfundo mi ropita de correr y ¡Hala! una sesión de cardio, o a trotar por el patio si la meteorología lo permite.

Y luego, más lectura, a ver si así acorto la lista de libros pendientes de conocer, aunque para eso necesitaría mucho más tiempo del que tienen previsto confinarnos...Espero. Después toca el momento de alguna serie o alguna peli pero no de los canales generalistas, porque estos te recomendarán con un logo incrustado en la pantalla que te quedes en casa, pero no ponen nada de su parte para entretenerte ya que se salta de la propagación del virus del pánico en noticias y magazines pseudoinformativos a series infumables y espacios verduleros que te hacen odiar al prójimo porque ves que esa gentuza que sale contando su (falta de) vergüenzas por la pantalla cobra más que un microbiólogo investigando.

Y luego, una cenita temprana y saludable antes de acabar la jornada por fin. Anteayer me marqué una coliflor con anchoas y huevo escalfado a la hora de la merienda-cena.

Alegría cantábrica de la huerta.

Este fin de semana XXL que nos están obligando a hacer confinados, nos lo pasamos, como cualquier otro ordinario, vestidos en pijama y repantingados en el sofá. En Francia, según he entendido, permiten una hora de paseo cercano al domicilio, sin aglomeraciones ni contacto social cercano. Aquí hay gente que necesita salir de casa por recomendación médica, pero explícale eso al madero que saca la porra extensible que se contradice con el resto de sus compañeros y se acerca peligrosamente a ti sin máscara y sin guantes, para gritarte a la cara con la consabida lluvia de perdigones, porque lo que tú haces está prohibido y es sancionable, pero ellos deben ser sobrehumanos y las infecciones ni las padecen ni las transmiten.

Sic transit virus mundi.

1 comentario:

Emilio Manuel dijo...

Tras un ratio de ordenador, me he puesto a hacer una tabla de gimnasia y tras ella toca trotar por el pasillo de casa la friolera de tres kilómetros, te aseguro que nunca en mi vida le había dado tantas vueltas, todo sea por mantener la dieta y no anquilosarse, tras esto, vendrá un rato de lectura, comer -hoy toca una tortilla de espinacas y ensalada- ver algo la tele y vuelta a leer hasta el final de la tarde, así un día y otro, por eso uno no sabe ni el día ni la hora en la que vivo, todo sea por la salud que uno es personal de riesgo.

Saludos