Esta mañana -blanca- me levanto escuchando las declaraciones del primer ministro italiano sobre el empleo precario, que va a acompañar a los jóvenes toda la vida. Lo peor es que frivolice diciendo que tener un trabajo estable es aburrido. Lo que no comprendo es de qué se sorprende la gente, si eso ya es sabido.
Cuando yo estaba en bachiller a finalísimos de los 80, un profesor nos decía que nosotros, la generación de los 70, no íbamos a gozar de empleos estables hasta el fin de nuestra vida laboral. Daba en el clavo, por desgracia. La reconversión industrial de unos pocos años antes había dejado la situación laboral del entorno bastante maltrecha. Yo vivía en un barrio cerca del puerto de Pasajes. Entre los padres de mis amigos había mucho pescador de altura, mucho mecánico naval, mucho operario metalúrgico....Las empresas de motores, los pequeños astilleros y muchos de los barcos se fueron al carajo y los empleos, no hay que decir que también. Mi padre trabajaba en un banco que se fusionó y lo prejubilaron con 53 años. Aún tuvo suerte que, aunque congelado, cobraba cada mes hasta que cumplió la edad de jubilación.
No sé de qué se sorprenden ahora de que la juventud deba emigrar con su título universitario debajo del brazo. Para mí eso no es nuevo. Yo siempre tuve la tentación de limpiarme el culo con mi licenciatura, quizá aún lo haga, si recuerdo en qué caja del tastero la olvidé. Será que en mi comarca, en los 90, levantabas una piedra y te salían quince universitarios con la cartilla del paro. Mis amigos encontraban trabajo: La publicista, de camarera de piso de hotel; la periodista, de vendedora de zapatos; el químico, poniendo copas; la maestra, de administrativa en la empresa de su tío; el licenciado en derecho, de comercial; el economista, de vendedor del carrefour; la de empresariales, de empleada del Zara; el psicólogo tuvo suerte y sacó una plaza de municipal; Excepto el último, todos trabajos intermitentes. El mío, también. La maestra, al menos va currando en lo suyo y tiene suerte, ya que le tocan colegios relativamente cercanos.
Ahora, con esto de la crisis, que yo nunca he dejado de tener, se sorprenden de que esta gente tan preparada, deba emigrar. Los de mi quinta también tenemos estudios, pero ya no somos tan jóvenes. Yo fui una joven desempleada para ser una desempleada no tan joven. Los currículums los echaba sin mencionar el título universitario, si no, seguro que no me llamaban.
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¿Quién nos está vendiendo que esto es nuevo? Yo lo he vivido toda mi vida, y lo que me queda. Nunca he tenido empleo fijo y, aunque hacía exámenes para bolsas de trabajo municipal, sin plaza. ¿Opositar en Gipuzkoa?¡Pero si no sacan plazas de nada! Esto me recuerda a lo que ha publicado JM Álvarez, hoy.
La gente que es quince años más joven que yo, que sale al mundo laboral sin futuro, pero con un papelico que dice que es licenciad@, diplomad@ y máster del universo, se encuentra como yo me encontré. En mis años mozos se decía que existía un tapón generacional. Los que tenían 20 años más que mi generación nos ponían trabas para acceder a empleos porque salíamos demasiado preparados. Eso en España no ha cambiado. No hay ningiuna diferencia, si exceptuamos que la cantidad ahora es mayor, entre los cualificados universitarios de hace 20 años y los de ahora. ¿Por qué se creían que en mi comarca nos quedábamos viviendo con los padres hasta los 35? Pues porque con un trabajo temporal en la ciudad más cara de España no te conceden una hipoteca ni para comprarte un sello postal.
Ahora la gente se sorprende (Me sorprende que se sorprendan) de la mala situación actual, cosa que no ha cambiado en los últimos 20 años. Pero antes éramos 4 y nadie nos hacía caso. Ahora son más y tienen la ventaja, al menos, de que son jóvenes. Yo también lo era...Ya no.
Se tiene que morir mucha gente
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Cualquiera que mantenga amistades desde Educación Infantil sabrá
reconocerse en parte en el trío de amigas (Bárbara, Elena y Maca) que
protagoniza “Se...
Hace 2 meses









