Por increíble que parezca voy a hablar de fútbol, o, mejor dicho, de un futbolista. Un futbolista que se acaba de jubilar a la edad de 40 años cuando acaba de terminar la temporada de liga. No es que el fútbol me quite el sueño ni nade de eso, pero, como a lo largo de mi vida me he tragado muchos partidos, casi siempre porque las mayorías mandaban, he seguido algo el fútbol, las jugadas y a los jugadores.
Y había uno de la selección italiana, con esas camisetas ceñidas de Kappa que marcaban el torso, con afán tentador, que me pareció guapísimo. Me impactó. La camiseta pegada al cuerpo le sentaba más que bien. El futbolista era Francesco Totti, y el mundial era el del 2002.
La camiseta ceñida de Totti
Recuerdo que estábamos de potes por los bares de lo viejo mi cuadrilla y yo, y en todas las tabernas estaba puesto el partido de los azzurri. Debía ser la fase inicial, porque aquél año Italia no pasó de octavos. La elástica, porque lo era, transalpina era de un azul eléctrico que atrapaba, y, en ese momento apareció Totti, con la melena al viento, el torso marcado, serio y concentrado. Me gustó. Me gustó mucho. Podría decir que me atrajo, incluso.
Quizá a alguien le sorprenda esta confesión, pero, en aquellos tiempos mis preferencias sexuales estaban tan confusas como yo misma, aunque, debo reconocer que con Totti no tenía duda alguna.
Y claro, una le puso interés al partido, a ver si sacaban imágenes del mozo, y luego ya, descaradamente, miraba los encuentros de Italia, a la que despachó Corea del sur, una de las anfitrionas, en octavos de final, que, a la siguiente, en cuartos, apeó a España. Acabado el mundial, sin Totti, me enteré que en el calcio (fútbol, en italiano) jugaba en la A.S. Roma. Mejor, porque a los fascistas del Lazio no los aguanto.
Il capitano
Y mira que siempre me ha gustado la Juventus de Turín, sólo porque en esta jugaba en los años 80, Roberto Bettega, que, cuando el mundial de España, me parecía un hombre guapísimo. Sí, así de "técnica de fútbol" era yo, que sólo me fijaba en la belleza. A mis ocho años, sin confusión alguna, me gustaban los chicos guapos y Bettega lo era. Vaya si lo era. A pocos hombres les sientan tan bien las canas desde jóvenes.
Roberto Bettega, por ilustrar, nada más.
Pero no tiene nada que ver la admiración inocente de los ocho, con la de los veintiocho. Totti vestía la camiseta azzurra de Italia o la granate y naranja -colores imposibles, no me gusta su combinación- de la Roma, esas camisetas ceñidas de Kappa, que, por aquél entonces usaba en la liga española el Real Betis, con ese jovencísimo Joaquín sacando pecho. Esas camisetas elásticas que eran un auténtico pecado, como solíamos comentar en los foros tipo "nido de vívoras", los antecesores del Facebook o Twiter.
Esta, de mi colección personal
Francesco Totti nunca cambió de club deportivo. No quiso. No se plegó a las millonadas que le ofrecían como delantero. Ganó la bota de oro, como máximo goleador, pero lo hizo con ese club y nada más. Empezó y acabó en la Roma, no como otros futbolistas mercenarios a que sólo sienten los colores de los billetes.
Aquí de mayorcico
En fin, querid@s, que se ha jubilado Totti, que es algo más joven que yo. Uno de los pocos hombres que me ha atraído (Lo dejaremos en pasado, por si acaso, jejeje) de una manera irresistible. Será un barriobajero romano, que lo es, y un cani, pero no ha perdido nunca el culo por ganar más pasta y eso es de agradecer.
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