Tengo un bló

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Tmeo, la mejor revista de humor

martes, 22 de mayo de 2012

Verano 40 en Sudeuropa

Corría el año 2040. Esta ciudad de la costa, llena de turistas noreurpoeos en verano, quedaba semidesierta en invierno, sólo quedaban los viejos. Los jóvenes se jugaban la vida para pasar los Pirineos. Había algún anciano que les enseñaba el inglés y el chino suficiente para poder buscar un empleo en Noreuropa. Sudeuropa era un país de países barato, para venir de vacaciones en verano y de turismo sexual. Las multinacionales habían financiado al jolgorio de las elecciones, donde todos los mayores de 18 años podían votar a uno de los candidatos propuestos por ellos, para que fuera el presidente del gobierno y el delegado nacional de Sudeuropa en Roma, la macrocapital de la región. De todas maneras, hace años que la población había perdido el interés por las elecciones para representante en Roma.

Los mineros del norte de Inglaterra, los trabajadores de Alemania y los jubilados de los países escandinavos viajaban cada dos años, cuando se daban las vacaciones, a tomar el sol, beber alcohol y a follar lo que se pudiera al sur de Europa. Los amos del mundo, la clase dirigente china, que hace años que había dejado atrás la bipolaridad del partido de Mao, y los hindúes capitalistas, veraneaban más cerca de sus países: En las islas del Pacífico sur.

Cada año son más caros los precios sudeuropeos

Los ciudadanos sudeuropeos vivían del turismo, la temporalidad,  las limosnas ofrecidas por la "ayuda de cooperación" y el flujo monetario que los emigrados enviaban. Hasta aquellos que habían vendido la dignidad de sus países por treinta monedas de plata, que no repartieron, se veían obligados a vivir de la mendicidad y de la caridad hipócrita de los noreuropeos.

Español, que se ve igual que su abuelo en la posguerra, durmiendo en el único banco que queda.

Había incluso desesperados que atravesaban las aguas del estrecho para ir a pedir trabajo al Magreb, donde las explotaciones agrarias intensivas ofrecían una miseria por agotadoras jornadas bajo el sofocante plástico. Pero nadie sabía cambiar las condiciones de vida. ¿Cómo si el exitoso fracaso educativo no producía sino analfabetos funcionales? Si, de vez en cuando, salía una mente preclara entre esos pobretones del arroyo, se lo llevaba becado cualquier empresa a las universidades foráneas.

Este era el alegre sur de sol, alcohol a raudales, souvenirs fabricados en China vendidos por nativos y sexo barato porque hacen lo que sea para comer. Algunos afortunados camareros, mozos de hotel y vendedoras de abanicos recordaban sus veraneos de la infancia, cuando podían hacer ellos lo mismo en la república Dominicana o en Senegal.

8 comentarios:

Jose Luis Forneo dijo...

Lamentablemente se tratará de un futuro demasiado cercano, si seguimos con la cabeza gacha

Emilio Manuel dijo...

Tu humor, como el mio, se está volviendo cada vez más negro.

Un abrazo Juli

cereza dijo...

Este es el programa electoral real de algunos y algunas

Pena Mexicana dijo...

apocalíptico pero desgraciadamente factible...

Siempre suya dijo...

Joder, Juli.. qué agobio tengo, tía

nineuk dijo...

El turismo (como fuente de ingresos) es cosa de pobres. Acojona sí.

maslama dijo...

a ver hasta donde nos lleva esta condenada crisis..

besos,

Alson dijo...

lo TENEMOS YA MISMO