Tengo un bló

Tengo un bló
Tmeo, la mejor revista de humor

viernes, 24 de febrero de 2017

Cinta de cassette

La primera vez que oí cantar a Bob Marley, en un vinilo de mi tía S, aún él estaba vivo. Sonaba "Three little birds" y me fascinó. Tendría yo unos seis o siete años. Años más tarde me dedicaba a grabar en cintas de cassette los discos de mi tía para poder escucharlos en un walkman cochambroso que jalaba pilas como si fueran gominolas.

¿MPqué?

El primero que cayó, claro, fue  Legend, porque recogía los temas más conocidos, aunque me encantó  Survival, que era un disco de amor a África. También le gorreé Uprising. Aquellas navidades alguien me regaló Natty Dread. Creo que, junto a un "live in Amsterdam" son los únicos vinilos que he tenido de los Wailers. Luego ya llegaron los CD.



Pero estaba con la grabación a cassette de Legend y el tiempo que sobraba le metí el ska loco de un grupo local que se llama(ba) Kanka. Con unas tijeritas, un poco de cola y las fotos de la revista Discoplay, me confeccioné una carátula magnífica. Espero que el chorizo que me abrió mi viejo Opel Kadett y me robó la cinta, además de mis gafas graduadas, lo haya disfrutado tanto como yo. Sería una pena que, encima de robármela, la hubiera tirado por ahí.



¿A quién no le ha desaparecido misteriosamente una cinta de cassette? Cuando estaba en el insti, solía pasarle a Jox, que era mi compañero de pupitre, mis tesoros, como por ejemplo, uno de los discos de UB40, que acababan de dar un concierto en Donostia al que no había podido ir. Creo que era The UB40 file, o Rat in my kitchen, ya no me acuerdo. Alguien se apropió de la cinta que Jox me tenía que devolver. Espero que el autor también disfrutara del reggae de los de Birmingham antes de esa época que les dio por versionar todo tipo de cosas, como los Guns & Roses.



Tyler, es culpable porque el jurado blanco así lo ha mandado

Menos mal que tenía al alcance los discos de mi tía S para poder recuperarlos. Qué felices vivíamos cuando no sabíamos qué era eso de los derechos de autor y los impuestos, aunque también los pagáramos al comprar las cintas de cassette.


martes, 21 de febrero de 2017

Etología gallinácea

Hay que ver los raticos buenos que me tiro mirando las gallinas de T. Tiene unas cuantas gallinas debajo de mi ventana. Las hay de todos los colores: blancas, manchadas, coloradas y negras. Algunas de ellas son verdaderas acróbatas y se suben por el árbol que pega a la caseta para encaramarse al tejado. Desde su atalaya lo miran todo y, muchas veces, vuelan esos pocos segundos que pueden, aleteando frenéticas, para colarse en el huerto de al lado a buscar comida, sobre todo, lombrices.

Gallinas similares con gallo lustroso al fondo

En un grupo de gallinas no ha de faltar el gallo y T tiene dos. Está el gallo titular: Negro lustroso, de cresta roja y cuello bermejo, que se infla todo orgulloso para lanzar su canto de macho dominante y luego hay un gallito joven, blanco con manchas marrones que está creciendo muy rápido y que ya hace de las suyas. Cada vez que acecha a una gallina el gallo viejo sale disparado a atacarlo. El gallito joven monta a la gallina, cosa rápida porque un polvo gallináceo dura un par de segundos, y el gallo alfa, va como una flecha a atacar al macho advenedizo que le disputa las hembras. Está ágil el gallo joven, porque después del polvo furtivo tiene que salir pitando si no quiere que el gallo titular lo ataque. El gallo joven se pasa el día huyendo de la vista del titular y beneficiándose, a escondidas, cuando puede, a las gallinas que se encuentra.

Dentro de nada T tendrá que separarlos. En cuanto el nuevo gallito crezca del todo, no hay solar suficiente para los dos y sus riñas por controlar a las hembras.

lunes, 20 de febrero de 2017

Viva el gentío

Entre semana salgo tempranito a correr por esos campos del "entonno", pero ayer, con eso de "¿Qué hacemos? ¿Te apetece salir a dar una vuelta? La verdad es que no tengo ganas",  y que, además, había una niebla densa que no se despejó hasta mediodía, salí a las doce a mover mis piernas para mejorar su circulación.

¿Sabéis ese tema tan de misa dominical de doce de "viva la gente"? Esa que dice "esta mañana, de paseo, con la gente me encontré. Al lechero, al cartero, al policía saludé", pues era exactamente igual. Todo el mundo, como los lagartos al sol, había salido a caminar, correr, pasear al perro o andar en bici. Me pasé los cinco kilómetros del recorrido saludando al personal. 

No debe ser domingo, no hay gente...

La mayor parte de los aludidos responde, menos unos pocos de las bicis. ¿Qué les pasa, que como tienen una posesión elitista no deben rebajarse a saludar a los indignos peatones o qué?

Acabé parando en la panadería para comprar el pan y vine con este a modo de testigo de relevos. Menos mal que en ese preciso momento no me crucé con nadie. 

Se nota que el sol va arañando fuerza y eso alegra. A ver si tomo nota y no vuelvo a salir tan tarde, que hacer vida social con esfuerzo es más difícil que calcular una raíz cúbica paseando por la cuerda floja.

jueves, 16 de febrero de 2017

Treinta años y un día

Y se acabó. Después de treinta años de matrimonio, con la vida más que gastada, él, un día, después de negarlo sistemáticamente, y haber sido cazado in fraganti con una mujer veinte años más joven, cogió la puerta y se fue.

Para ella, los hijos y sus necesidades; la casa, por el momento; la falta de ingresos porque él siempre quiso que cuidara a los hijos sin tener que trabajar; la depresión, las pastillas, el abandono...Para él, rebelarse contra la cincuentena, la segunda juventud, el quitarse una familia de encima que lo hace sentirse viejo, y las mieles del amor con una mujer recién entrada en la treintena.

Ni ganas de recoger los pedazos de tu alma rota

Él, que se negó a tomarse el día de fiesta en el trabajo cuando su mujer cumplió los cincuenta, ha desaparecido toda una semana para beberse esta nueva luna de miel. Él, que juraba por su honor que a su esposa, pasara lo que pasara, nunca le iba a faltar de nada, porque renunció a su carrera para formar la familia que él quería para criar los hijos que él deseaba tener, ahora, entrega doscientos euros, a regañadientes, para que su aún esposa y sus dos hijos, aún dependientes, coman todo el mes.

Aunque ahora él no coge el teléfono a sus hijos, porque le estorban en su nueva vida juvenil, seguramente no tarde en darse cuenta de que los echa de menos cuando la realidad le abofetee en su cara de viejo y se sienta cansado. Entonces pedirá perdón arrepentido y suplicará a sus hijos que lo quieran, aunque ellos hayan tenido que humillarse y, quizá, dejar los estudios por no poder recibir la ayuda paterna para que él pudiera seguir follando como cuando tenía veinte años, aunque ya no pueda seguir el ritmo que una mujer más joven le pide.

A la mujer abandonada, ni se lo plantea. Treinta años después de una vida en común, la vida familiar que siempre soñó, con su mujercita en casa, a la que nunca le iba a faltar de nada, criando a sus hijos tan deseados, le pesa como un lastre porque sus cincuenta largos le gritan que se está volviendo un viejo y cree que puede contagiarse bebiéndose la juventud de otra mujer más joven.

Después de treinta años él la defraudó y la abandonó y, encima, le negó todo aquello que le prometió. El defraudador adúltero. La vida es un púgil que acaba arrinconándote contra las cuerdas del cuadrilátero y golpeándote con sus crueles puños cargados de realidad. El último asalto es el que más dolerá.

martes, 14 de febrero de 2017

Cuando se responsabiliza a la víctima

La humanidad no avanza en cuestiones de igualdad de género. Al contrario, se está dando el lamentable fenómeno de menguar todo lo alcanzado e ir para atrás como los cangrejos. Se está dando un retroceso, no sólo en el ámbito de la igualdad, sino en la de los derechos y libertades en general. Será un ciclo de la historia que nos hace retrotraernos hacia las posturas antiguas, tanto que se ataca con furia todo lo que el feminismo pretende alcanzar, que no significa otra cosa que la lucha por la igualdad en todos los ámbitos.

Un apunte rápido y sin entrar en profundidades. La concepción cultural occidental jamás ha considerado a la mujer otra cosa que un ser tarado. Platón, Aristóteles y los doctores de la iglesia cristiana (San Agustín o Santo Tomás), que es una iglesia profundamente misógina, concebían (guiño) a la mujer como un infraser incapaz de razonar. Sólo eran alma concupiscente. Ahí viene el tema del que trato hoy.

Una lee titulares pasados por el tamiz del periodista machirulo y se encuentra que la mujer es la culpable de su asesinato o del asesinato de sus hijos. Quizá sigue con fuerza la idea de que la mujer es la tentadora y la concupiscente. ¡Ojo! no el varón que es el que siente deseo, pobrecico. No, es la mujer la que lo tienta. Desde Adán y Eva nos dicen que es así. Ella es la culpable. Él no tiene la culpa.
La mujer nace de una costilla porque no se puede afrontar que ella sea protagonista 

Qué miserable ha de ser el desgraciado que echa la culpa de sus actos a la víctima. Toda la jodida Edad Media en los monasterios alegando que la mujer es la culpable del deseo carnal, quién sabe si es una teoría lanzada con emoción por esos cientos de homosexuales que pretenden un mundo libre de mujeres. Esto está dicho con cierto sentido del humor, pero no es tan extraño.

Así, hoy en día, por esta imposibilidad del varón de hacerse responsable de sus actos, las violaciones, palizas o asesinatos de las mujeres se producen por culpa de ella. Esta irresponsabilidad de sus actos se transfieren a la víctima, la mujer. Si va con minifalda, normal que la violen, es culpa suya; si me contesta y considero que no me respeta, la pego para que aprenda; me va a dejar y a mí nadie me deja, antes la mato....

Así no es infrecuente ver noticias como la de la cadena Antena 3, que perpetúa la desigualdad, contándonos que una mujer permite que su marido mate a su hijo. Ojo, la culpa es suya, no del asesino.

No sale la jeta del asesino, sino la de ella

Porque las mujeres no son asesinadas, no, aparecen muertas, cosidas a tiros, por ejemplo, en Seseña. Por cierto ¿Qué pasa en Seseña? ¿Daban facilidades de pago a los uxoricidas o qué? Es el segundo caso de asesinato de mujer en menos de un mes.

Al final, pasa lo de siempre, la interiorización cultural, desde hace siglos, de que la mujer no es más que un objeto concupiscente, lamentablemente necesario para perpetuar la especie, aunque sea subrogando útero, vuelve a inspirar esa idea asquerosa de que todo lo que le pase a ella por culpa de los actos del varón es sólo su propia culpa por ir vestida de una manera que reprueban, pero que venden y no prohíben o por atreverse a replicar al rey de la creación, que nació de mujer, aunque en un libro lleno de supercherías te cuenten lo fructífera que puede ser una costilla de cerdo. La víctima es la propia autora de su desgracia. El autor sólo ha actuado por culpa del embrujo al que ha sido sometido. Este es un cuento demasiado viejo que ya no debería creerse nadie.

Para atrás, como los cangrejos. Aún se venera a San Pablo, misógino entre los misóginos.

sábado, 11 de febrero de 2017

El día de la caja registradora

Me revienta el invento estúpido de San Valentín. Alguien ha institucionalizado este día como "el día de los enamorados" y, al igual que en las navidades, se ha terminado traduciendo en "ya estás corriendo a comprarle algo, preferiblemente caro, a tu pareja". Y ya no sólo tu pareja, ahora además, el amor se diversifica y te venden -siempre es venta- que hay que regalar algo a tu madre o a tu tía la del pueblo.

Amor verdadero

Otro jodido invento burgués que llene la caja registradora de los comercios en el desangelado febrero invernal. ¿Alguien sabe quién fue San Valentín? Porque hubo tres. Dos de ellos, obispos. El primero casaba soldadicos romanos, supongo que  no entre ellos, lástima. Uno de los obispos es venerado como el santo que cura la epilelsia. Lo cachondo es que la iglesia católica postconciliar, harta del descaro comercial del día, dejó de celebrarlo. Ahora sólo falta que hagan lo propio el 25 de diciembre.

Siempre desprecié esta borreguez de día y, desde hace unos años, aún más.¿Y sabéis por qué me fastidia tanto? Pues porque yo conocí a mi pareja un 12 de febrero, que es lo que me gusta celebrar, y, por jodida casualidad de fechas, todo alrededor está lleno de corazoncitos, ñoñerías y precios inflados para la ocasión.

Trescientos sesenta y cinco días al año y fui a conocer a la mujer de mi vida un par de días antes de San Valentín. Si lo sé, espero a los sanfermines, que son de mejor celebración.

jueves, 9 de febrero de 2017

Agitación nocturna

El despertador iluminaba la hora. La una y veinte de la mañana y era imposible conciliar el sueño. Apenas una hora antes daba cabezadas viendo la tele en el sofá y, una vez entre las sábanas, misterios de la naturaleza, el sueño había huido. Cerró los ojos con el propósito de dejarse vencer por el sueño. Todo era silencio y, en la quietud de la noche, oyó un crujido. Los ojos se abrieron por completo. ¿Qué ruido era ese? ¿Las vigas de la casa contrayéndose por el frío del invierno? Espero expectante. Nada. Seguramente fue eso y nada más. Un ruido de casa vieja. Otro chasquido. Mucha casualidad.

Aprovechando la ventaja de tener los ojos acostumbrados a la penumbra por llevar tanto tiempo buscando el sueño, se levantó sin encender luz alguna. Miró debajo de la cama no sin sentirse algo ridícula, pero ya se sabe que los temores inculcados en la infancia esperan agazapados en nuestro subconsciente. Nada, el paciente asesino que espera debajo de la cama, como era de suponer, ha hecho absentismo laboral.

Volvió a notar un ruido. Provenía de la puerta de la entrada. Alguien estaba forzando la cerradura. La indignación pudo con su miedo. Agarró la lámpara de noche, que era un pesado recuerdo de casa de su abuela y se acercó a la puerta justo cuando alguien lograba abrirla. Eludiendo el halo de luz de la linterna se hizo a un lado y le sacudió un lamparazo en todo lo alto del cráneo al extraño que cayó inconsciente sobre la entrada. No había nadie más.

Espero que no sea Jack Nicholson

Encendió la luz y vio tendido al intruso vestido de negro con un pasamontañas. Le dio dos patadas en el estómago y buscó una cuerda en un cajón del mueble de la entrada. Seguía inconsciente. Ni había gemido con las patadas. Quizá se le había ido de las manos y se lo había cargado. No sentía ninguna lástima. Ató sus manos a la espalda y le buscó el pulso. Antes estaba su seguridad que la salud del allanador. Tenía pulso. Menos mal. Le quitó el pasamontañas. Un hombre de unos treinta. Un tipo corriente. Moreno, delgado, cabello corto, afeitado... No recordaba haberlo visto en la vida, pero tipos como ese había por todas partes. Buscó en sus bolsillos por si había documentación. No, el allanador no iba con tarjetas de visita.

Cerró la puerta. la cerradura funcionaba, sí que era curioso. Quizá el allanador no era un yonqui chapucero acuciado por la necesidad. ¿Quién sería el fulano que se atrevía a entrar de noche a una casa habitada? Habitada por una sola persona. Una mujer joven, además. No quería ser alarmista pero todas estas ideas saltaban en su cerebro como las semillas de maíz al convertirse en palomitas. ¿Qué intenciones tenía el allanador desmayado de su entrada? Había que reanimarlo y preguntar.