Tengo un bló

Tengo un bló
Tmeo, la mejor revista de humor

viernes, 17 de marzo de 2017

Regresión y agresión

Hace casi cien años hubo una década, la de los veinte, a la que adjetivaron de "loca". ¿Que por qué la llamaron así? Quizá porque, después de una guerra devastadora, la gente, ya sin miedo, se dedicó a vivir sin presiones de ningún tipo. La gente era despreocupada y emprendedora. Las mujeres vestían como querían y podían estudiar y trabajar, ya que, después de ser mano de obra en la industria de guerra, demostraron que podían con todo. Hubo una crisis económica bestial en el año 29 y eso acarreó malestar, pobreza y, sobre todo, miedo. Y el miedo trajo el fascismo, y todo lo que los felices años veinte ofrecieron se quedó atrás y se olvidó. ¿Que a qué viene esto? Pues a ver si os suena.
Felices años 20, tristes 30

Hace unos quince años, España vivía feliz en la UE y los españolitos se ganaban la vida con inusitada alegría. Hasta cualquier obrerete podía pegarse un crucero por el Caribe y comprarse un apartamento en Torrevieja en el edificio donde daban los del un, dos , tres. Era una España tan feliz que se convirtió en el tercer país del mundo en legitimar (No sólo legalizar, sino legitimar) el matrimonio entre parejas pertenecientes al mismo género. España era un país moderno y feliz y en ese estado de felicidad era fantástico reivindicar la libertad sexual. Hasta era un negocio lucrativo. Las zonas de ambiente, Chueca, "Lesbipiés" en Madrid o el "Gayxample" barcelonés gozaban de un éxito sin precedentes. Hasta el día del orgullo era motivo de celebración, sobre todo para el sector de la hostelería y el turismo. España, en época de vacas con obesidad mórbida, moría de éxito y de civismo.



Pero llegó la crisis que dura ya tanto que no parece tal, sino que asemeja a los dictados de un nuevo orden mundial por agenciarse el control de los combustibles fósiles. Tanto lo parece que, estrategicamente, hay guerras alrededor de las zonas de extracción o paso de crudo. Esas guerras, además de muerte y destrucción, producen emigrantes.

Y aquí produce miedo. El miedo a la pobreza, el miedo a que venga alguien de fuera a disputarte la manduca, y el miedo al diferente. Y esto funciona así: Durante la época de bonanza, los fascistas de pensamiento único han estado rumiando su venganza. Ahora que el miedo empieza a germinar, ellos trabajan el campo, y crece todo un número de nuevos fascistas a los que adoctrinan en lo malo que son los inmigrantes y, sobre todo, los maricones y las bolleras. ¡No te digo nada los transexuales, que son engendros!



Y, así, después de años de armonía y legitimidad de derechos por legalización, viene la vuelta. Las agresiones homófobas se disparan, al igual que los ataques xenófobos. Los fascistas, hartos de morderse la lengua durante años, gracias al miedo que impera, se ven fortalecidos para sacar autobuses negando la libertad de sentirse como deseen a niñ@s transexuales. También se ven fortalecidos para volver a decirte a ti, mujer, que tú te debes a tu vientre, no a ti misma, porque eres un subser de segunda, y lo sabes, y por eso debes ganar menos en tus tareas laborales.

Y como estos ejemplos, preparaos, porque viene la marea fascista, igual que hace ochenta años. ¿Vamos a dejar que se salgan con la suya imponiendo lo que debemos ser y hacer con nuestros cuerpos?

6 comentarios:

emejota dijo...

No será igual, espero, será diferente pero siempre en función del temor.

Nosu dijo...

Muy buena reflexión, sí señora.
No dejaremos que se salgan con la suya!

Emilio Manuel dijo...

Y los Maruendas de turno manifestándose en pro de la libertad de expresión, manda cojones.

Celia Segui dijo...

La historia se repite...
Y sí, vamos hacia atrás en todo.
Besos y feliz finde.

Anónimo dijo...

Bueno, suele ser habitual que los burgueses saquen sus perros fascistas a la calle, en épocas de graves crisis económicas del capitalismo. Los utilizan, como cortafuegos de previsibles disidencias y revoluciones entre las clases sociales que más sufren los efectos.
Como miembro de la clase trabajadora, que vivo en los mismos barrios que los inmigrantes y comparto los mismos trabajos y servicios sociales, me gustaría un poco más de solidaridad entre las clases altas, que ni con impuestos sufragan la necesidad de más plazas laborales, escolares y sanitarias.
El perfil del emigrante medio es abrumadoramente de baja cualificación laboral. Viendo que no existe un político que no se venda...por qué no, políticos inmigrantes más decentes?. Por qué no funcionarios y burócratas de otros pagos?. Ya puestos, lo mismo de esa chusma burguesa, yonki de las ayudas públicas que abren empresas para chupar subvenciones y cierran cuando estas se acaban.
Lo digo porque hay mucho cinismo pequeño burgués y a cuenta de los demás, en esto de la solidaridad inmigratoria. Para luego acusar a los que sufren todo el impacto de una inmigración no planificada, de xenófobos e insolidarios.
Por supuesto, me refiero a otros medios. No a éste, de probada linea coherente.

Juli Gan dijo...

Anónimo. Gracias por tu aportación. Estoy de acuerdo con lo que dices. Yo también vivo en un barrio obrero donde hay gente humilde, muy currela e inmigrante. Pero nos convirtieron en aspirantes a clase media y nos creímos marqueses dispuestos a creernos las mentiras sobre la maldad de los que no son como nosotros que nos vocean los perros mediáticos con amos poderosos. Ah, y, aunque publique mis diatribas, no me considero un medio. Salud.