Tengo un bló

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Tmeo, la mejor revista de humor

viernes, 3 de marzo de 2017

Eurodiputado supremacista (Ficción con mala leche)

El eurodiputado polaco que creía con rotundidad en la supremacía masculina acudió a tomar un café en la cafetería de la eurocámara. La camarera parece que no le oyó la primera ver.

   - Un café.
   - Lo siento, señor, soy mujer y como usted entenderá con su clarividencia superior no sé cómo funciona la cafetera.
   - Pero si acaba de servir a aquél grupo de diputados.
   - No le entiendo, señor, mi cerebro femenino no está preparado para entenderle.

Enfadado salió rugiendo de la cafetería y sacó uno de la máquina del pasillo.

El fulano superior

A la hora de comer, se dirigió, junto a otros diputados, a un lujoso restaurante de los alrededores. Al sentarse en la mesa hicieron la comanda. Cuando le tocó al eurodiputado supremacista polaco, la camerera se excusó.

   - Lo siento, señor, mi capacidad intelectual no llega a descifrar su discurso eminentemente superior y no le comprendo.

  - ¡Está bien, que venga un camarero varón!

El camarero masculino, al ser interpelado contestó.

  - Discúlpeme, pero, como yo creo en la igualdad de los géneros, quizá por este motivo de blandura que usted podrá advertir, me temo que no soy capaz de traerle los platos que me cita. Además, nuestra cocina está comandada por mujeres y, como usted comprenderá, su debilidad física les imposibilita el realizar trabajos de peso como es llevar una bandeja.

Irritado por las risas del comedor, se levantó y salió muy enfadado. El cabreo le iba produciendo cierto malestar, con lo cual pidió cita con el cardiólogo. Al llegar a la consulta médica, la recepcionista no encontraba su hora solicitada.

  - Lo siento, caballero, pero usted no está citado. Quién sabe, quizá ha sido un error mío porque aún no se leer muy bien y escribir lo hago con mi dificultad femenina que usted comprenderá. O puede que haya sido cosa de la programadora informática, porque este programa lo creó una mujer, y claro, no se puede uno fiar de las mujeres, que no están preparadas, aunque tengan un título que lo acredite.

  - ¡Ya me está fastidiando! ¿Puede visitarme el doctor sin cita?

  - Doctora, más bien. Verá usted, la doctora lo visitaría gustosamente, lo que pasa es que, como usted dijo ayer tarde que las mujeres en deporte no son buenas, la doctora ha ido a entrenar a ver si corre los cien metros en diez segundos, porque no se debe usted fiar de que fuera la primera de su promoción, ya que nunca fue buena en deportes, - La impaciencia del eurodiputado iba creciendo a pasos agigantados.

  - ¡Pero bueno, es que no hay nadie que me pueda visitar?

  - Dos calles más abajo hay un médico varón que le podrá visitar, quizá. Tenga en cuenta que se sacó el título en una prestigiosa universidad de los EEUU gracias a la beca de fútbol americano. A clase no se si iba, pero, como era todo un atleta digno ejemplar de varón superior, quizá usted lo encuentre más adecuado.

Hambriento y hastiado, el eurodiputado supremacista fue a tomar un taxi. La conductora era una mujer joven. Él dio la dirección de su residencia. La mujer anduvo diez metros levantando ligeramente el pie del embrague antes de decirle:

   - Lo siento, señor, no sé si seré capaz de manejar un vehículo tan complejo, no se si estoy preparada por ser inferior a usted. A lo peor, me estampo contra una esquina, pero ahí mismo pasa el autobús. Con un poco de suerte, el chófer es un varón.

El eurodiputado notaba como le subía la tensión mientras pagaba el billete del autobús. Por fin llegaba a su domicilio. Se encontró la casa sin arreglar. Los platos sucios en el fregadero, la cama sin hacer y la ropa sin planchar, y, encima, no estaba la cena hecha. Había una nota de la asistenta que tenía contratada.

Señor eurodiputado: No sé si será capaz de leer esta nota ya que, como usted sabe, las mujeres no tenemos la inteligencia suficiente para darle sentido a las frases. Lamento decirle que, como este de asistenta de hogar es un trabajo duro en el que se ha de emplear la fuerza, la cabeza y el sentido común, es un empeño para el que yo, mujer, no me siento capaz. Ahí le dejo las tareas para que las haga usted, con su gran fortaleza e inteligencia varonil. 

Ah, y deje que le de un consejo: Siga usted haciendo enfadar a la mitad de la población con sus menosprecios e insultos y va a pasarlo francamente mal.


4 comentarios:

Emilio Manuel dijo...

Para desgracia nuestra, comentarios como ese, autobuses xenófobos y otras vergüenzas se irán incrementando hasta que llegue un momento que no se le de importancia, en la sociedad del espectáculo, todo vale, entonces habrá llegado el momento de que esa gente machaque a todos aquellos que nos les gusten como homosexuales, negros, chinos, color café con leche, altos o bajos, tartamudos, ojos negros o claros, pelo rizado o lizo, discapacitados, enfermos, ciegos, etc, en fin, podrán elegir a quien les salga de los huevos, todo por el espectáculo.

Saludos

Desbordamientos Puntuales dijo...

¡Bravooooo! Me ha encantado esta entrada. Grandiosa crítica a través del humor y un "Zasca, en toda la boca" a la intolerancia machista. ¡Gracias por publicarla!

Esti dijo...

Ojalá las palabras del eurodiputado polaco fueran espectáculo. Yo creo que le salieron de las entrañas, que cree en ellas y que no lo dijo por llamar la atención, sino porque lo cree. Y, peor aún, creo que hay mucha gente que piensa igual que él, aunque no es consciente del todo ni lo diga públicamente. Por eso cobramos menos, por eso siguen asesinando a mujeres cada semana y a veces cada día, por eso no hay apenas mujeres en los altos cargos y por eso en cuanto se habla de ese tema muchos hombres reaccionan con un: "yo no soy así". ¿Seguro que no?

Celia Segui dijo...

Muy bueno, ojalá no fuera ficción (me refiero al relato).
Muchos besos.