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miércoles, 5 de octubre de 2016

Pasajes de la Biblia: Hoy, Tobías y las cataratas

Había en Nínive, una ciudad asiria que estaba muy cerca de lo que es hoy Mosul, al norte de Irak, un hombre temeroso de Jehová llamado Tobit. Tobit era un hombre santurrón que se parecía mucho a Ned Flanders, para que os hagáis una idea. Se quejaba de que su padre, en la lejana Jerusalén, se había apartado de Jehová adorando a Baal, que era la otra divinidad del momento.

Semblanza de Tobit

Tobit era un férreo defensor de las leyes de su religión que iba desde comer lo más puro posible hasta hacer de sepulturero de las víctimas del rey asirio, cosa que al rey no le gustó y mandó prenderle, aunque no lo pillaron. Como su primo pasó a ser el contable del rey sucesor, este medió para que Tobit fuera restituido sin problemas. El tío siguió haciendo de Juan Simón.

El padre de Tobit era un Beatnik adorador de Baal

Después de enterrar a uno, Tobit, cansado, se quedó dormido con tan mala suerte que los pájaros se cagaron en sus ojos y eso le produjo ceguera. Parece ser que la mierda aviar produce cataratas, según el libro sagrado. Así que Tobit tuvo que usar bastón blanco.

Como Tobit no podía ir a cobrar los préstamos que hacía a sus paisanos, porque sería un santo, pero tenía el negocio de Cofidís bien pillado, mandó a su hijo a cobrar las deudas de Ecbatana, que estaba en lo que hoy se llama Hamadan, en Irán.

Tobit le empieza a dar toda clase de recomendaciones a su hijo, que se llama Tobías, para que sea una buena persona el día de mañana, y, entre otras cosas, que tome una mujer de su tribu. Al viaje se suma un tal Azarías, que es el nombre que da el arcángel Rafael para ocultar su personalidad de superhéroe.

Salen de viaje y paran en el río Tigris donde un pez quiere morder a Tobías, el ángel de incógnito le dice que lo pesque y que se guarde su corazón e hígado, el resto se lo hacen a la parrilla para cenar. A saber qué pez voraz era el que acaba asado, pues pirañas no hay en Asia.

Tiburones del Tigris

Mientras, en Ecbatana, hay una muchacha llamada Sara que tiene muy mala suerte con los hombres, pues se ha casado siete veces, pero no ha consumado nunca, pues los maridos se mueren antes de comenzar la noche de bodas. No sabemos si cantaba, como Massiel, la historia de su viudez prematura.

Ragüel que es el suegro de siete muertos y padre de Sara se desespera por casar a su única hija, porque esto de ir de boda y de funeral a la vez es un poco estresante, y en esto que le cae del cielo Tobías, que encima es de su tribu. Ragüel le da la mano de su hija aunque al pobre Tobías le da un poco de mal rollo sentir como los buitres revolotean sobre su cabeza.

La cosa es que el ángel disfrazado le ha jurado que si quema el corazón del pez aquél durtante la noche de bodas y rezan antes de consumar el matrimonio, el mal fario desaparecerá. Según el arcángel Rafael, el gafe es cosa de un demonio llamado Asmodeo, que, por lo visto se divierte cargándose matrimonios como si fuera un abogado de divorcios.

Mucha gente para una noche de bodas


Ragüel, que ya estaba preparando el enésimo hoyo para su yerno del momento se siente aliviado cuando le dicen que hay milagro y que está vivo. Lo celebran tanto que Tobías, a las semanas le dice que él ha venido a currar, trabaja en Cofidís, pero el arcángel que es todo un colega, se ocupa de cobrar las deudas y dejarlo todo listo.

Al fin Tobías se libra de la lapa de su suegro y se larga con esposa incluida hacia Nínive, de vuelta a casa de papá. El pobre Tobit está muy triste pues no ha recibido ni una carta, ni un telegrama ni un email ni siquiera un whatsapp de su hijo y cree que este haya muerto, pero no.

Y aquí el momento cumbre del melodrama. Tobit sale a recibir a su hijo con los brazos abiertos, pero como no ve una mierda tropieza y cae. El hijo lo sostiene antes de que se harte de comer tierra y le frota el hígado del pez en los ojos, que le comienzan a escocer cosa mala, pero, al frotarse, resulta que ¡Milagro!, se ha curado las cataratas con hígado de pez.

¿Qué cirugía?, paté de pejcao

Y viven felices pero no se atreven a comer perdices porque no saben si es kosher. Eso sí, en su lecho de muerte, en la ancianidad, Tobit le hace prometer a su hijo que dejarán Nínive, pues sabe que será destruida, para que se vayan a Ecbatana con sus suegros. Y así pasa.


3 comentarios:

Celia Segui dijo...

La verdad es que es una historia de lo más interesante.
Habrá que huir de Asmodeo...
Besos, Juli.

Piedra dijo...

La biblia comentada por Belén Esteban (no te ofendas por la odiosa comparación) sería algo así. :-D
Quitándole la componente esotérica (que la tiene) pierde bastante, vamos que la historia como tal, no vale demasiado.

Juli Gan dijo...

Piedra: Jaaaajajaja. ¡Anda, hijo, oyeeesss, qué comparación más asín!