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lunes, 17 de diciembre de 2012

Latin "hater" (La asignatura desagradable)

¿A quién no se le hacía cuesta arriba los deberes del colegio? Hace poco estaba ayudando a una niña de nueve años a hacer los deberes y no podía evitar recordar cuando este fastidio me tocaba a mí. Lógicamente no le puedo decir a la niña que, muchas veces, yo pasaba de ellos y los rellenaba mientras se corregían. ¡Y nunca me pillaron!

Claro que eso lo hacía con ocho, nueve y diez años, ya, en segunda etapa de la EGB, primeros cursos de la ESO, por si pillo a gente joven, me formalicé, pero no mucho. De hecho creo que la única asignatura que he llevado al día en mi vida no era otra que el latín de 3º de BUP. Venimos de una cultura donde todo se deja para última hora. Yo nunca me quedé la víspera de un examen estudiando hasta las tantas, eso nunca lo hice, pero no llevaba las asignaturas al día, excepto aquella. ¿Y por qué?

El latín era un hueso para todo el mundo. Para mí era bastante menos hueso que las matemáticas, pero digamos que era un cartílago. Ya se sabe que la gente en bachiller elegía letras por tener fama de facilonas. No lo son, claro, pero, desde luego son mucho menos abstractas que las ciencias. Yo elegí letras, porque las prefería, aunque luego me decantara por estudiar ciencias sociales, pero eso fue algo más tarde.

Al menos sirve para entender  los chistes de Astèrix

Total que en mi instituto público de finales de los 80, de 100 chavales estudiando el curso donde tenías que elegir si ciencias o letras, sólo 10 elegimos letras lo creáis o no. No es que todos fueran unos enamorados de la física, es que le tenían miedo al señor que impartía latín de 3º. Latín, la asignatura más árida que hubo jamás.

Miedo al latín. La única asignatura que he llevado al día en mi vida. Me quedaba todas las tardes traduciendo fragmentos de la guerra de las Galias o las putadas de Catilina. Era un suplicio tener latín a primera hora de la mañana y tener que resolver los casos de cada declinación o la conjugación de cada tiempo verbal. Y mientras uno a uno errábamos, el profe nos contestaba "No. Mal. Error. Bestias. Zopencos" Total que el hombre era tan duro que en junio de diez aprobaron dos alumnas: La chica que repetía y yo con un cinco más que "pelao". El resto se fue a septiembre.

Como no tenía pensado pasar por el suplicio en COU, y, además, me convenía hacer las matemáticas aplicadas a las ciencias sociales, dije adiós al latín, a Catilina, a Julio César y a la loba capitolina que amamantó a Rómulo y Remo. Con lo cual, el par de personas que pidieron letras puras en COU tuvo que largarse a otro insti, porque en el nuestro no había suficiente alumnado para ello. Mi profe de latín, a pesar de todo, tuvo una época que me perseguía por los pasillos para intentar convencerme de que estudiara latín en COU, a pesar de mi cinquillo de junio.

12 comentarios:

Emilio Manuel dijo...

¡¡Venga Juli, te animo a que continúes contándonos lo que sigue!!.

Un abrazo

Manderly dijo...

Tampoco nunca mehe quedado hasta las tantas estudiando... bueno creo que lo hice una vez y luego suspendí así que no lo repetí más. Yo solía ir poco a poco, espacio pero constante.
Con el latín no tuve problema ya que sólo lo tuve un año porque era obligatoria. Yo soy de ciencias puras y las mates eran duras porque siempre lo son pero además las dos profesosas ayudaban a la mala fama de la asignatura. Una de ellas escribía a dos manos en la pizarra!!! Aquello era sobrenatural!!!!
Saludos.

Jei dijo...

yo hice latín y saqué buena nota, eso sí, ahora no me acuerdo de nada... aunque eso es extensible a muchas asignaturas y a noches de juerga en mi vida ;)

ROSA M. dijo...

Que recuerdos, tenia facilidad para estar sentada delante del libro y que mi mente estuviera por otros sitios. Tampoco me quede estudiando ninguna noche, era de las que por la mañana salía con el libro abierto por la calle!!! Pero los deberes los llevaba hechos, dispersa pero responsable jaja

Siempre suya dijo...

Yo, que durante 14 años di clases de latín, temía por mi puesto de trabajo al ver cómo disminuían los alumnos, cada año menos, y menos. Pero los que íban y esta menda, nos reíamos a carcajadas con lo atontado que era Julio César, o lo cursi que era la Eneida, Pius Aeneas... sobre todo en COU, cuando ya tençian superadas las declinaciones. Dar clase a 8 alumnos es una suerte. Es conocerse mejor a uno mismo.
El caso es uqqe no lo echo de menos en esta nueva vida

mariajesusparadela dijo...

Siempre me encantó el latín. Aun me gusta hoy.

ISA dijo...


A mí siempre me gustó el latín y luego, al estudiar filologia, me ayudó un montón y sigue ayudándome.

Sin embargo no me hables de matemáticas, geografía o ciencias naturales ¡las odio aún hoy día!.

chris dijo...

Eso me recuerda cuando mi profe...la srta Huertas a la que llamábamos la Ortus, me sacó a la pizarra para la lección de aquel día. Quería que declinara el verbo do. Era tan sencillo como decir do dedit dare (creo recordar) pero se me fue la pinza por completo y empecé I do, you do, he does, she does....
Las compañeras se empezaron a descojonar y a mí me mandó a mi sitio con un 0.

Menos mal que no me dio por empezar a cantar...do(n) es traaaaato de baróooooonnnn...

Definitivamente nunca se me dio bien el latín :-(

Siempre suya dijo...

Chris... los verbos se conjugan y sustantivos y adjetivos se declinan.
Do, das dare, dedi, datum es el paradigma ( o jemplo) del verbo, donde vienen todas las raíces de las que parten los tiempos verbales...

Luz de la Garza dijo...

Pues a mime hubiea encantado estudiar latín, así de rara soy jajajaja
por cierto, qué alegaba el hombre para convencerte??

besos

Juli Gan dijo...

SIEMPRESUYA: En el fondo, mi profe era buen tío, pero muy severo. A mí me tocó conjugar el paradigma de "pensar". No veas qué gracia le hacía al hombre eso de "puto,-as,-are,-avi,-atum". Y declinar el "Meus,-a,-um", también.

Pero el cabrito sabía que mi padre, ex seminarista y primero de la clase en latín, me ayudaba, a veces, con eso de que eran conocidos del barrio. Me quitaba los méritos. Grfffggg!!!

Juli Gan dijo...

Luz de la Garza: Me decía que me seviría para muchas cosas si hacía filología. Que podía sacar el curso sin problemas. Que valía y bla, bla, bla, pero como le dije que necesitaba hacer estadística y probabilidad para una carrera de CCSS, ya no me dió más la lata.