Tengo un bló

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Tmeo, la mejor revista de humor

sábado, 18 de agosto de 2012

La guerra civil española de los italianos

El golpe de estado de los militares africanistas contra el gobierno de la República del frente popular fue apoyado en España por poderosos industriales, el clero, monárquicos, entre ellos, los carlistas, que no solo los alfonsinos y un minúsculo grupo de imitadores del fascismo italiano que llevaban por bandera los colores copiados al anarquismo, el rojo y el negro, y se atrevían a llevar camisas azul-mahón de trabajador con brillantina en el pelo, de niño rico que en su vida había doblado el lomo. Mientras, la Sociedad de Naciones, la antigua versión de la ONU hacía como que no veía y prohibía a los países de alrededor mezclarse en la trifulca peninsular, a excepción de la Alemania de Hitler, que llevó sus Heinkel y Junkers para preparar su luftwaffe de cara a un futuro y los italianos de Mussolini, que querían glorias para su país.

Así que la Italia fascista manda a unos 75.000 italianos englobados en el Corpo di Truppe Volontarie (El CTV) y en la aviación al mando de potentes aeroplanos Fiat. Los italianos trajeron mucho transporte ya que construían autos, camiones, carros de combate....Sin embargo dentro de las CTV, la mayoría de sus miembros no sabía a dónde los mandaban. Muchos creían ir a Abisinia (Etiopía) ya que en el año 35 habían guerreado contra Haile Selassie, el emperador etíope, cuyo nombre era Ras Tafari Makonnen (El "Rastafari" que los jamaicanos de Marcus Garvey creían el Mesías), y que era conocido por aquí como "El Negus". Muchos fascistas de aquella época se darían de cabezazos contra lo afilado de sus fascios si supieran que sus nietos llevan el león de Judá que ellos creen jamaicano sin saber que es el símbolo del emperador etíope contra el que lucharon sus abueletes. Volviendo al post, así que muchos de los miembros de los CTV creen ir al cuerno de África, unos pocos sí que saben dónde van y otros muchos centran su interés en la paga de soldado para que en su casa puedan comer. Sea como fuere, los italianos fascistas desembarcan en la guerra civil española del lado de los levantiscos haciendo honor a su divisa: "Credere, obbedire e combattere" (Creer, obedecer y combatir).

Los CTV motorizados hasta arriba, gracias a la Fiat

Llegan en diciembre del 36, y su campaña comienza en Mallorca,  Málaga, la aviación bombardea Madrid, Guadalajara, sobre la que volveremos, Santander, el frente de Aragón, Catalunya y el final, en Madrid. Mussolini en Roma, y el conde Ciano, que se paseaba por el Estado Mayor perdonando vidas, se las daban de arrogantes protagonistas de algo de lo que nunca nadie se debiera sentir orgulloso, que es el acabar con la vida y la paz. Muchos italianos comenzaron  a darse cuenta de donde se habían metido cuando vieron las carnicerías de Málaga. Se dieron cuenta de que esto no era un paseo.

Muy elegantes y arreglados, y hasta perfumados, eran motivo de burla por parte de otras tropas tanto enemigas como del mismo bando y es que a los cazurros carpetovetónicos les producía risa que los hombres fueran aseados y olieran a colonia y no a choto, tabaco, y sobacos en requesón de meses. 

Los italianos en la batalla de Guadalajara.

En marzo de 1938 tuvo lugar en el frente alcarreño una larga batalla. La ofensiva la abrió el CTV, que durante un par de días consiguió ganar terreno a las brigadas internacionales, pero estas, finalmente, consiguieron doblegar a los fascistas italianos. No tengo ni idea de táctica militar, ni de historia bélica, pero el dato curioso es que uno de los batallones de las brigadas internacionales, llegadas para defender a la República, que se encontraba en Guadalajara en aquel momento era la Garibaldi, compuesta por muchísimos italianos antifascistas, agregada a la 11ª brigada internacional. Así algunos fascistas italianos fueron sorprendidos y hechos prisioneros por compatriotas por el relax de oir su propio idioma. Ni que decir tiene, que de una posición enfrentada a otra corrían mensajes, insultos, reclamos propagandísticos e incluso recados por si alguno volvía a casa.

Batallón Garibaldi, que detuvo a compatriotas del CTV

La batalla fue una sangría y los datos de los muertos, como suele ser, varían y mucho. Manuel Aznar, el abuelo del ex-presidente, afín a Franco, daba unos datos muy altos, para justificar la pérdida frente a la plana mayor. Se calcula que 4000 fascistas italianos murieron en aquél momento. De los italianos del batallón Garibaldi no hay datos concretos.

Lo cierto es que tras la debacle, Franco relegó a los italianos a destinos menos ofensivos, Mussolini, que pensaba darse un baño de gloria, en el fondo lo que se dio es una hostia que hizo tambalear su prestigio que había subido como la espuma tras liquidar a los etíopes del Negus ganándose Abisinia. Es lógico que entre los republicanos no tuvieran grandes simpatías, pero es que entre los sublevados, como ya hemos visto antes, se les tenía bastante desprecio, lo cual fue caldo de cultivo de chistes y burlas.

Efectivos del CTV llegando a la batalla.

Una de las populares canciones fascistas italianas era el faccetta nera (Carita negra) la cual es una canción dedicada a una etíope en la que dicen que le van a dar otras leyes y otro rey, y que tendrá la bandera italiana como propia y que desfilará delante del Duce y del rey, cuando se llevaban bien, sería. La podéis encontrar interpretada en la película Ay, Carmela, en la que se hace cierto escarnio de los italianos, cantada teatralmente por el Teniente Ripamonte, papel que borda Maurizio (Armando) De Razza, el profesor Cavan de El día de la bestia


La única versión encontrada es una mezcla de una versión grabada y la de la peli, con burla de los oficiales de la plana mayor de los sublevados.

La desgracia de Guadalajara, y los recelos que los CTV despertaban en ambos lados de la trinchera sacaron hasta versión del Faccetta Nera con letra propia, que decía:

Guadalajara no es Abisinia,
que ya tenía carreteras construídas.
Franco y el Negus no son igual.
Y menos la Brigada Internacional.
Desde Brihuega hasta Sigüenza
corrieron más de mil doscientos sinvergüenzas.
Como no hubo nadie que los paró,
hubo un italiano que llegó hasta Nueva York.

Es curioso como a pesar de que nadie se atrevía a dar una ayuda a un gobierno elegido en las urnas, por no adelantar una guerra inminente, y de que Francia se dedicaba a frenar en su frontera toda ayuda al gobierno legal, la Italia fascista, contra toda lógica, comerciaba con el gobierno de la República y enviaba productos como azúcar y otros alimentos. Y es que la pasta es la pasta.

Aquello es un dato poco conocido y bastante curioso, al igual que curioso fue el episodio de los italianos enfrentados en ambas trincheras en suelo extraño luchando por un país que quedaba tan lejos de sus casas. 

1 comentario:

mariajesusparadela dijo...

Ah, el día en que entendamos que en una guerra perdemos todos...