Tengo un bló

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martes, 1 de diciembre de 2015

Pasajes de la Biblia: Hoy, Eliseo, el profeta de ocasión que, como ésta, también lo pintan calvo.

Ya habíamos dicho en episodios anteriores que Eliseo no sabía aguantar una broma, como la madre del quemado del pueblo de Gila. Eliseo era el profeta de la época de los reinos divididos de Israel y Judá. Eliseo se dedicaba, como todos los iluminados, a vivir del cuento y de los "milagros" que cometía, como multiplicar jarras de aceite que para sí lo quisieran ciertas cooperativas agrícolas, o dejarse invitar de gorra en casa de beatíficos creyentes.

Sobre lo primero, una pobre viuda que, como mujer, no tenía como ganarse la vida, recordemos una vez más que los pueblos "del libro" son misóginos con orgullo, fue a Eliseo y le confesó que los de Cofidis venían a cobrarse el préstamo con un bate de béisbol para, encima, llevarse a sus hijos de esclavos del Zara a Pakistán a trabajar veinte horas en un cuchitril venga a hacer ropa de mierda. Eliseo, entonces, le dijo que hiciera acopio de vasijas, que vertiera el poco aceite que tenía en casa dentro de ellas y ¡Milagro! la viuda pudo pagar a los del Cofidís y montar una fábrica de aceite.

La viuda  de la imagen puso una fábrica oleaginosa

Otro milagro, más que sonado, fue el de un matrimonio sunamita creyente de Yavé que le pusieron un piso a Eliseo. Era un matrimonio ya maduro que no tenía hijos y la mujer se lamentaba por ello. Eliseo mandó llamar a la sunamita a sus aposentos. Nos imaginamos qué tipo de milagro obró el tal Eliseo, porque la mujer quedó encinta y su esposo pudo correr  un encierro con la ganadería del marqués de Carabás.

A la sunamita, la preñez se le vino "como una ola", sin embargo, pocos años después, el niño, que se parecía demasiado al profeta, por cierto, se puso muy malico, tanto que murió. La mujer se lamentaba de qué poco le había durado la felicidad de ser madre y fue en busca de Eliseo. El profeta se miró al niño muerto y dijo "no respira", se notaba que era un gran profeta, y además, observador. Dicen que se acostó con el niño, que puso boca sobre boca y ojos sobre ojos, y, al rato, el niño estornudó siete veces y resucitó. No queremos ni saber cómo ha calado en esa panda de sacerdotes pederastas este pasaje de la biblia.

¿Seguro?

Namán, general de los ejércitos del rey de Siria estaba tocado por la lepra. Una de sus criadas le dijo que acudiera a Eliseo para curarse, cosa que hizo. Eliseo le mandó bañarse siete veces en el Jordán. ¡La de mierda que traería el bravo guerrero para hacerle bañar siete veces! El siete, por cierto, es el número mágico de los judíos. Namán, se mosqueó un poco porque para eso se podía haber bañado en cualquier río de Siria, pero lo probó y se curó. Namán ofreció una gran recompensa a Eliseo, pero este no quiso nada. Guejazi, el criado de Eliseo, sí codiciaba una buena propina, así que salió en pos del general sirio y este le obsequió con un par de trajes y algo de pasta. Eliseo, al encontrarse a Guejazi de vuelta lo maldijo haciéndole pasar la lepra a él. ¡Joder, qué majo el tal Eliseo!

Un poco de jabón y agua hacen milagros

El rey de Siria estaba en guerra con Israel, como ahora, pero sin que Israel, la moderna, financie al ISIS, antes eran más directos y menos sibilinos, y se mosqueaba porque algún espía chivaba de sus movimientos al rey de Israel, el "espía" era Eliseo que, imbuído del espíritu de Yavé, se enteraba de todos los pasos del ejército sirio, así que mandó prenderle, pero Eliseo hizo perderse a los sirios y así librarse de la captura.

Ben Adad, rey de Siria, cercó Samaría y esta se moría de hambre dándose el caso de actos de canibalismo. La gente se moría de hambre, entonces Yavé hizo creer a los sitiadores que un gran ejército les atacaba y los sirios huyeron abandonando el campamento. Los samaritanos arramblaron con todo lo que había allí, sobre todo, con los alimentos.

Eliseo viajó hasta Damasco donde moría el rey Ben Adad y profetizó a Jazael que él sería el azote del pueblo de Israel. Otro cambio se cernía sobre los reinados de Siria, pero también de Israel y Judá donde iban a morir sus reyes a manos de Jehú,  pero eso será en el próximo capítulo.


1 comentario:

Estibaliz Burgaleta dijo...

Qué fan soy del antiguo testamento. Es como un culebrón salvaje, con incesto, adulterio, asesinato... ¡y además milagros!