Los humanos somos borregos con tendencia a la idolatría. Adoramos a algunos de nuestros iguales que creemos geniales porque acarician nuestros sentidos y sus obras las consideramos arte. Sí, es verdad que hay gente capaz de hacer arte y creaciones bellas, pero eso no los convierte en gente de un estrato superior, aunque los llenemos de vanidad por nuestra desmedida idolatría.
Quizá a algunos no les guste ni una pizca lo que voy a decir de gurús intocables, ídolos de masas, con demasiada buena prensa, generalmente porque ya están en el otro barrio, no por otra cosa.

Hace un par de meses John Lennon hubiera cumplido 70 años. Hoy se cumple el aniversario de su asesinato a manos de un tarado. Otra vez todo serán reconocimientos a su música. Bueno, vale, admitamos que su música pueda ser apreciada, pero de ahí a encumbrarlo como un santón del pacifismo y la espiritualidad…¿Quién, Lennon? ¿Y sólo porque un “chalao” le pegó tres tiros? ¿Porque compuso ese himno pacifista de “Imagine”? Lennon, lejos de ser ese idealizado hippie miope esposo de una artista conceptual japonesa, era un fraude. No sólo se rió miles de veces de Brian Epstein, judío y homosexual mánager de los Beatles, por ser eso mismo: Judío y homosexual. No sólo era homófobo y judeófobo (no me gusta el término antisemita, porque hay muchos semitas que no son judíos, y muchos judíos que no son semitas), también era bebedor, cruel y violento. Sobre todo hacia su primera mujer, Cynthia. Se portó como un cabrón con ella y con su hijo Julian. Los desatendió.

Hay que cuidarse muy mucho de idolatrar ciegamente a los “humanos admirables”, porque ciertamente, son humanos, y eso indica que son –somos- imperfectos. Otro mito de la música y la paz fue Bob Marley, el enclenque mulatito jamaicano. Cantaba al amor y a Jah y a la “Imanity”, ahumado por la maría y las ideas rastafarianas, adorando al rey Haile Selassie, el leon de Judá, el soberano de Etiopía. Pero Marley era otro cabronazo misógino a más no poder. Padre de muchos hijos, habidos con muchas mujeres, fue un tío tacaño que se gastaba el dinero en BMW por eso de las iniciales de Bob Marley & the Wailers, en vez de atender sus deberes paternos. Engañó a su esposa Rita Marley con cuantas mujeres pudo, pero no solo eso, ella tuvo que criar a muchísimos de los hijos ilegítimos de la joya de la discográfica Island, además, Marley obligaba a su esposa a mantener relaciones sexuales no consentidas por ella, y a raiz de una de las violaciones nació el último de la extensa prole del vocalista de los Wailers. Marley, además estaba convencido de la inferioridad femenina. Tendría gracia si no fuera tan repugnante ya que las estructuras familiares caribeñas se basan en el duro trabajo de las madres, que son las cabezas de familia monoparentales, mientras los varones caribeños se pasan el día del ron a los canutos y al zascandileo puro y duro.

La cosa no acaba en los músicos “libres” que cantan al amor, mientras se ríen de todos. Dentro de la literatura, por ejemplo, tenemos casos increíbles. Una vez me llevé una bronca horrible en clase de mi profesora de literatura porque se me ocurrió decir que Antonio Machado era un pederasta de tomo y lomo. Se le agrandaron los ojos como a los dibujos japoneses y se le hincharon las venas del cuello. Oh, no, Machado era un hombre espiritual. Sí, y un cuerno. ¿Cómo puede casarse un pavo de 35 años con una chavalilla de 14? Que machado fuera un introvertido incapaz de ligar en la ultracatólica España de principios del siglo XX, aún, pero vendernos la moto de que era todo amor hacia su tierna Leonor y que quedó desconsolado por su temprana muerte….¿Pero qué clase de adulto puede querer casarse con una cría?

Entre los literatos con Nóbel españoles, nos encontramos a Juan Ramón Jiménez. Un tío que se dedicó a joderle la vida a su esposa, la brillantísima Zenobia Camprubí. La traductora de Tagore al español. Una mujer que valía mucho y que no pudo demostrarlo todo porque el cabrón de Jiménez la maltrató psicológicamente todo lo que pudo. Sí, me diréis que el pobre estaba enfermo, ¿Y qué? ¿No era consciente del daño que le hacía a Zenobia, pero sí era consciente para dar clases en la universidad? Porque esa es otra. Ella tuvo que sacrificar todo su trabajo literario y su brillante porvenir porque él la necesitaba en casa. Zenobia enfermó de cáncer, pero tuvo que tragarse su dolor, porque el que estaba enfermo era él y era Zenobia la que tenía que cuidarle, hasta que no aguantó más y murió. Menudo infierno.

Eso sí, poco sabréis de casos como estos. Hay muchos más, pero son los ejemplos que me acaban de surgir, así, en caliente. No adoréis a los “genios” más de lo que se merecen, porque pueden ser tan mundanos y tan mezquinos como cualquiera.